Siempre he considerado mucho a los profesionales como los educadores físicos o instructores, fisioterapeutas, entre otros; que requieren de sus habilidades físicas para ejercer su trabajo. Pienso que es difícil tener una lesión, por ejemplo, y detener sus labores por una temporada, cuando el trabajo es una pasión.
Como psicóloga, no estoy excenta de vivir experiencias desagradables, y como profesionales nos preparan para poder separar el trabajo de lo personal, en este caso, a poder atender personas en momentos difíciles, pasando nosotros por uno igual o peor.
Me ha tocado vivir recientemente el duelo por el fallecimiento de mi papá. Y aunque este tipo de duelo no está en la estadística como de los que más causan crisis, para mi ha sido de los más tristes.
La vida me dio la oportunidad de vivir con él todo este tiempo, y ver cómo poco a poco su batería se iba descargando. Pude estar consciente a cada instante de que en cualquier momento su tiempo acá en este mundo terminaría y pude detenerme a observarlo y vivir cada día con él como si fuera el último.
Ser psicóloga es poder anticiparse, algunas veces, perdiendo la alegría o angustia que dan las sorpresas. Cuando nos exponen un problema, conocemos los posibles resultados, cualquiera que sea la decisión que se tome. Conocemos las etapas de la vida, y por ende lo que puede suceder en cada una. Y es así como en lo personal, podemos prepararnos para lo inevitable.
Sin embargo, aunque tenemos toda la teoría, vivimos los duelos como todos los demás, eso sí, conscientes de cada fase. Pasamos por la negación, la tristeza, la ira, la resignación y la aceptación. Reconozco la ansiedad, conozco muchas técnicas para superarla, pero no había tenido un ataque de ansiedad hasta ese momento de tener que resignarme a la pérdida de una figura tan noble en mi vida.
Los psicólogos sometemos a observación y a estudio cada vivencia por naturaleza. Pero lo más importante, le damos espacio a cada emoción y sentimiento. Tenemos nuestros momentos para sentir el dolor y aceptar el vacío que nos dejan las personas que amamos al partir. Y aplicamos las técnicas para ver cuál nos funciona y así llevar un duelo saludable.
Pero lo más importante, es transformar la experiencia. Todos deberían enfocarse en el momento presente y vivir como si fuera el último día. Abrazar, besar, tratar con amor a quienes nos rodean.
Deseo que te acerques a quienes amas y los disfrutes con tus cinco sentidos, que vivas la vida, lo que tienes, que encuentres en cada detalle lo hermoso de este mundo. Qué disfrutes el solo hecho de respirar.
Dedicado a mi papá, ese hombre amante de su muñe (mi mamá), quien hasta el último momento, fue entregado a su familia y apasionado con el trabajo y el buen servir. Dejas tu sonrisa en mi memoria, tu valentía en mi ser, tu alegría en mi alma.

